martes, octubre 31

Hoy debo escribir para escapar de mis
demonios, debo pasar a tinta digital
cada uno de mis pensamientos, salir
de mi encierro por medio de las
palabras, formando frases que una
tras otra vayan rompiendo mis
cadenas y me permitan expresar lo
que siento.
Hoy debo escribir para no caer en la
locura, debo mover mis dedos y usar
mi teclado para no cerrar la mano y
empuñar con ello mi furia interior, no
es viable estallar y satisfacer mi
orgullo callado, pues no soy tan
grande como para abarcar entre mis
brazos todo lo que me está pasando.
Hoy debo escribir porque llorar o gritar
no son soluciones prácticas, y no soy
mujer de vanalidades. Debo formar
con estos párrafos una coraza más
fuerte que la que se me está cayendo
a pedazos, endurecer mi persona con
las armas más poderosas conocidas, la
sabiduría y la palabra, la inteligencia y
la razón.
Hoy debo escribir, espero sepan
comprenderme, escribir siempre será
mi mejor antídoto a la ignorancia, la
injusticia y el dolor.

domingo, octubre 29

El sueño de la oruga
Un pequeño gusanito caminaba un día en dirección al sol. Muy cerca del camino se encontraba un saltamontes:
- ¿Hacia dónde te diriges?, le preguntó.
Sin dejar de caminar, la oruga contestó:
- Tuve un sueño anoche; soñé que desde la punta de la gran montaña yo miraba todo el valle. Me gustó lo que vi en mi sueño y he decidido realizarlo.
Sorprendido, el saltamontes dijo, mientras su amigo se alejaba:
- ¡Debes estar loco!, ¿Cómo podrías llegar hasta aquel lugar?
- ¡Tú, una simple oruga!. Una piedra será para ti una montaña, un pequeño charco un mar y cualquier tronco una barrera infranqueable.
Pero el gusanito ya estaba lejos y no lo escuchó. Sus diminutos pies no dejaron de moverse.
La oruga continuó su camino, habiendo avanzado ya unos cuantos centímetros.
Del mismo modo, la araña, el topo, la rana y la flor aconsejaron a nuestro amigo a desistir de su sueño!
-¡No lo lograrás jamás! - le dijeron -, pero en su interior había un impulso que lo obligaba a seguir.
Ya agotado, sin fuerzas y a punto de morir, decidió parar a descansar y construir con su último esfuerzo un lugar donde pernoctar:
- Estaré mejor, fue lo último que dijo, y murió.
Todos los animales del valle por días fueron a mirar sus restos. Ahí estaba el animal mas loco del pueblo.
Había construido como su tumba un monumento a la insensatez. Ahí estaba un duro refugio, digno de uno que murió "por querer realizar un sueño irrealizable".
Una mañana en la que el sol brillaba de una manera especial, todos los animales se congregaron en torno a aquello que se había convertido en una ADVERTENCIA PARA LOS ATREVIDOS. De pronto quedaron atónitos.
Aquella concha dura comenzó a quebrarse y con asombro vieron unos ojos y una antena que no podía ser la de la oruga que creían muerta. Poco a poco, como para darles tiempo de reponerse del impacto, fueron saliendo las hermosas alas arco iris de aquel impresionante ser que tenían frente a ellos: UNA MARIPOSA.
No hubo nada que decir, todos sabían lo que haría: se iría volando hasta la gran montaña y realizaría un sueño; el sueño por el que había vivido, por el que había muerto y por el que había vuelto a vivir.
"Todos se habían equivocado". Si tienes un sueño, vive por él, intenta alcanzarlo, pon la vida en ello y si te das cuenta que no puedes, quizá necesites hacer un alto en él.
Esto está dedicado a mi hermanita hermosa...tú sabes porque siempre te digo esto...piensa en que eres como la oruguita...tú puedes amor.

viernes, octubre 27

Eran las 6 de la tarde y Alexander estaba sumido en la misma rutina de siempre..esperar a la señora de delantal blanco que llegaría con la solución temporal a un mal que él interpretaba como evación y que por su entorno era una maldición hasta el punto de pensar en la posesión...pero Alexander tenía claro que la habilidad sólo la tenía él...que era el don por el cual lograba llegar al placer de la felicidad...al trance de la locura divina que lograba transportr su cuerpo y su alma al lugar más hremoso y prohibido de la humanidad...una humanidad plena sin trances ni tabues.
Pero todos los fugaces pensamientos de Alexander, eran eliminados de forma voraz e inevitable con el amargo sabor de la verdad..una verdad encapsulada bajo un nombre raro y especial que era preescrita por un ser malévolo y extraño..oscuro como la caja de la llamada solución que lograba llevar a Añexander al frío y debil mundo de los mortales, con la crueldad, envidia, daño y terror que rodeaban las oscuras, frías, húmedas y putrefactas paredes de aquel horrible lugar.. y por ende a las personas que "lamentablemente" se encontraban insertas en él...

¿Cuántos Alexander existirán en la vida real?....dejo la inquietud

martes, octubre 24

Cap. Extraído "Del Faro y otras Sombras"
Mario Benedetti
Los dos fantasmas, uno azul y otro blanco, se encontraron frente a la caverna consabida. Se saludaron en silencio y avanzaron un buen trecho, sin pisarse las sábanas, cada uno sumido en sus cavilaciones. Era una noche neblinosa, no se distinguían árboles y muros, pero allá arriba, muy arriba estaba la luna.
-Es curioso- dijo de pronto el fantasma blanco-, es curioso cómo el cuerpo ya no se acuerda de uno. Por suerte, porque cuando uno se acordaba era para que sufriésemos.
-¿Sufriste mucho?-preguntó el fantasma azul.
-Bastante. Hasta que lo perdí de vista, mi cuerpo tenía quemaduras de cigarrillos en la espalda, le faltaban tres dientes que le habían sido arrancados sin anestesia, no se habían olvidado cuando le metían la cabeza en una pileta de orina y excremento, y sobre todo se miraba de vez en cuando sus testículos.
-Oh-fue la única sílaba que pronunció o pensó o suspiró el fantasma azul.
-¿Y vos?- preguntó a su vez el otro-.¿También tu cuerpo te transmitía sufrimientos?
-No tanto mi cuerpo sino el de los otros.
-¿De otros? ¿Acaso eras médico?
-No precisamente. Yo era el verdugo.
El fantasma blanco recordó que allá arriba, muy arriba, allá estaba la luna. La miró sólo porque tenía necesidad de encandilarse. Pero la luna no es el sol.
Con una punta de su sábana impoluta se limpió la brizna de odio. Luego se alejó, flotando, blanquísimo en la niebla protectora, en busca de algún Dios o de la nada.
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